Pequeño libro negro de las citas

La ladrona de libros es una novela de Markus Zusak publicada en 2005.[1] Se llevó el Premio Michael L. Printz en 2007.[2] Para septiembre de 2009 había estado 105 semanas en la lista de superventas juveniles del New York Times.[3] El pequeño libro negro de Epstein, una especie de libreta de direcciones aún por descifrar, llegó a incluir más de 100 nombres de mujeres de zonas donde tenía residencias, incluida París, reportó el Miami Herald. ... Personal del servicio doméstico, la secretaria de Epstein y las reclutadoras registraban de forma meticulosa las citas ... (Las mujeres también están sujetas a esta trampa.) Por el contrario aquellos hombres que están cómodos en el campo de juego y se citan con muchas mujeres - como predico que haga - no sufren de este síndrome. Quiere salir de la turbulenta y salvaje escena de las citas de modo que pueda establecerse con una mujer en su vida. Información detallada sobre el pequeño libro de las grandes citas de humor podemos compartir. Administrador blog Caja de Libro 2019 también recopila imágenes relacionadas con el pequeño libro de las grandes citas de humor se detalla a continuación. Visite la fuente del sitio web para obtener más detalles. 4 El pequeño libro negro sobre estafas Estafas de citas y romance Cómo funciona la estafa Los estafadores de citas y romance crean perfiles falsos en sitios web de citas, aplicaciones móviles o plataformas de redes sociales legítimos como Facebook, utilizando fotos e identidades que frecuentemente roban a otras personas. Éste es sin duda uno de mis libros favoritos, y os dejo una recopilación de las mejores citas que he encontrado en él (o las que a mi me parecen las mejores). Si me dejo alguna que os guste, por favor avisad en los comentarios para que la lista esté lo más completa posible. ¡¡¡AVISO… A pesar de todo, acertar con una buena ganga comprando cualquier compra es la comparación y búsqueda de distintos comentarios, pero para que no tengas problemas comprando El Pequeño Libro De Las Grandes te traemos una guía elaborada para que no te vayas de nuestro portal sin saber lo imprescindible para hacer una compra impecable. De la experiencia personal, sé que ellas a menudo reaccionan defensivamente cuando conocen a un hombre que sabe de qué va la Dinámica de las Citas. Las mujeres siempre han estado por encima de nosotros en este juego, y no llevan bien perder el control. El conocimiento en El Libro Negro de las Citas es su seguro, y yo su agente sonriente. El Pequeño Libro De Las Grandes Citas DESCRIPCIÓN. PDF (EL PEQUEÑO LIBRO DE LAS GRANDES DECISIONES Comentado) el pequeÑo libro de las grandes citas. 1.750 frases motivadoras para emprendedores de la propia vida, gregorio doval huecas, 9,99€. la mente humana es una herra... El pequeño libro de las grandes decisiones Página 7 que hacían. El SWOT se desarrolló a partir de los resultados de ese estudio, para que las personas involucradas en un proyecto consiguieran entenderlo mejor. Vale la pena tomarse un tiempo para pensar en cada paso del análisis SWOT en lugar de limitarse

Libro del cielo y el infierno

2018.12.07 05:34 Paltamachine Libro del cielo y el infierno

Si andas buscando algo breve y entretenido. No pierdas la oportunidad de leer el "Libro del cielo y el infierno" de Jorge Luis Borjes y Adolfo Bioy Casares. Editorial Emecé (ISBN 9789500419963).

Es un libro de recopilación de citas y pequeños extractos de otros varios libros inspirados en diferentes culturas y como estas imaginaban ambos lugares. No contiene un hilo conductor, porque no hay historia que contar y aún así no deja de llamar la atención.

Comparto con ustedes algunos de mis extractos favoritos:

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UN CABALLO COMO DIOS MANDA
Un árabe encontró al Profeta y le dijo: «¡Oh,. Apóstol de Dios! Me gustan los caballos. ¿Hay caballos en el Paraíso?» El Profeta respondió: «Si vas al Paraíso, tendrás un caballo con alas, y lo montarás e irás donde quieras.» El árabe replicó: «Los caballos que me gustan no tienen alas.»
Thomas Patrick Hughes, A Dictionary of Islam (1935).

LAS ESTRELLAS SON ALMAS
Los patagones piensan que las estrellas son los muertos de la tribu y que van de cacería por la Vía Láctea.
I.C. Princhard, Research into the Physical History of Mankind, V, 490, Londres, 1837-47.

LAS NAVES DEL INFIERNO
Para los negros de Benín, el Infierno estaba en el mar: desde el mar arribaban a Benín los navíos de los negreros.
Dictionnaire de la conversation et de la lecture (1873).


PORVENIR ESFÉRICO
En el día del Juicio Final, las puertas del Cielo se abrirán a los bienaventurados. Estos penetrarán rodando, ya que habrán resucitado en la más perfecta de las formas: la esférica. Así lo ha revelado Orígenes.
I. A. Ireland: Short Cuts to Mysticism (1904).

FRACASO DE DOS ETERNIDADES
Encontré a un viajero que volvía del Hades, donde había conversado con Tántalo y con otras sombras. Todas convenían que durante los primeros seis, o tal vez doce, meses el castigo les desagradaba mucho; pero después era como pelar arvejas en una calurosa tarde de verano. Empezaban a descubrir (sin duda después que el hecho fuera evidente a todos los demás), que tenían una conciencia menos viva que de costumbre de lo que hacían y que habían estado pensando en otra cosa. Desde ese momento, en que la acción se había vuelto automática, el progreso que hacía pensar continuamente en otra cosa era rápido y pronto olvidaban que estaban padeciendo un castigo. Con cierta frecuencia, Tántalo conseguía algo; el agua se adhería a los pelos de su cuerpo y él la juntaba con la mano; y también, cuando el viento se descuidaba cogía muchas manzanas. Tal vez hubiera querido más, pero conseguía lo necesario para mantenerse en buen estado. Sus padecimientos no eran nada si lo comparamos con los de un necesitado heredero cuyo padre, o quien sea, contrae una peligrosa bronquitis cada invierno, pero invariablemente se repone y vive hasta los noventa y un años, mientras el heredero, deshecho por la larga espera, le sobrevive un mes. Sísifo nunca había enconteado en la vida un placer comparable al gozo de ver su piedra saltar barranca abajo y de soltarla en el momento en que pudiera asustar más a alguna sombra desprevenida que estuviese paseando en el valle. Tanta y tan variada diversión conseguía con esto, que su trabajo se convirtió en el automatismo de una acción refleja (nombre que, según entiendo, dan los hombres de ciencia a todos aquellos actos que ejecutamos sin pensar).
Era un viejo caballero pomposo y pesado, muy irritable, que imaginaba que las demás sombras estaban siempre riéndose de él o tratando de perjudicarlo. A dos de ellas las odiaba con tanta furia que lo atormentaban como nunca lo había hecho el castigo. La primera era Arquímedes, que había organizado series de experimentos vinculados con la mecánica y que había concebido un plan por el que esperaba utilizar la energía de la piedra para alumbrar el Hades con electricidad. El otro era Agamenón, quien ponía buen cuidado en estar fuera del alcance de la piedra cuando ésta se hallaba a mitad de la pendiente, pero que se divertía en embromar a Sísifo mientras no había peligro. Muchas otras sombras diariamente se reunían a la hora de la piedra, para participar en la diversión y para apostar sobre la distancia que la piedra alcanzaría. En cuanto a Ticio ¿qué significa un pájaro más o menos en un cuerpo que cubre nueve acres? Encontró en los buitres un agradable estimulante para su hígado, que sin ellos se habría congestionado. Sir Issac Newton estaba intensamente interesado en los procesos higrométricos y barométricos de las danaides. «Por lo menos» dijo una de ellas a mi informante «si realmente nos están castigando, no mencione el hecho, no sea que nos pongan en otro trabajo. Usted comprende, hay que hacer algo, ya sabemos hacer esto, no queremos mortificarnos aprendiendo cosas nuevas. Quizá tenga usted razón, pero si no vivimos de ello ¿qué puede importarnos que los baldes se llenen o no?» Mi viajero trajo noticias parecidas sobre la felicidad eterna en el Monte Olimpo. Hércules descubrió que Hebe era una tonta y no podía nunca sacarla de encima de sus eternas rodillas. Hubiera vendido su alma para encontrar otro Egisto. De modo que Júpiter vio todo esto y se puso a pensar. «Me parece» dijo «que tanto el Olimpo como el Hades son un fracaso». Entonces llamó a consejo y todo el asunto fue minuciosamente discutido. Por fin Júpiter abdicó y los dioses bajaron del Olimpo y anunciaron la mortalidad. Pasaron unos años de muy agradable vida de gitanos, rondando como un grupo de músicos ambulantes por las ferias francesas y belgas; después de lo cual murieron del modo corriente, habiendo descubierto por fin que no importa cuan alto o cuan bajo uno esté situado, que la felicidad y la desdicha no son absolutas sino que dependen de la dirección en que uno progresa y consisten en una progresión hacia mejor o peor, y que el placer, como el dolor y como todo lo que se desarrolla, sólo por un instante se mantiene en la perfección.
Samuel Butler, Note-Books (1912).

EPITAFIO DE EVA, por ADAN
Donde ella estaba, estaba el Edén.
Mark Twain, Eve's Diary (1905).
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Les dejo el link a Good reads por si quieren adquirir una copia digital del mismo.
Librería Antártica no lo tiene (por si acaso).


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2018.06.27 06:13 master_x_2k Enredo III

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Enredo III

Abrí las puertas de vidrio para que Brian pudiera llevar las cajas de muebles. Lo que más me sorprendió de su edificio de apartamentos fue lo despejado que estaba todo. Sin basura, sin gente, sin ruido. Había un tablero de anuncios justo después del segundo juego de puertas, que era algo que normalmente podría haber esperado que fuera un poco desordenado, por regla general, pero incluso allí, las publicaciones individuales estaban cuidadosamente espaciadas, y todo estaba sellado detrás un cristal con una sola cerradura pequeña. Se sentía un poco estéril. O tal vez era solo que yo estaba acostumbrada a un área con más carácter.
No sabía qué decir. No solo en términos de la construcción de apartamentos de Brian, no tenía idea de qué palabras saldrían de mi boca. No tenía la destreza para charlar de forma natural. Por lo general, me las arreglaba planificando constantemente lo que podría decir. El problema era que me había distraído, no tanto por los atributos de Brian, sino por haber tomado conciencia de que los había estado mirando. Ahora que estaba tratando de recuperarme, ponerme en equilibrio mental y planear algo de conversación, todo lo que podía pensar era 'Maldición, Taylor, ¿por qué no puedes pensar en algo que decir?'.
Entramos en el ascensor, y Brian descansó las cajas en la barandilla de metal en el interior. Me las arreglé para preguntar, “¿Qué piso?”
“Cuarto, gracias.”
Presioné el botón.
Subimos, y cuando se abrió la puerta, le ofrecí a Brian una mano para estabilizar las cajas mientras él se retiraba del ascensor. Lideró el camino por el pasillo y se detuvo junto a una puerta mientras yo buscaba las llaves que me había dado, para encontrar la de su apartamento.
No estaba segura de lo que esperaba ver en el lugar de Brian, pero aun así logró sorprenderme.
Lo primero que noté fue que los techos eran altos. El apartamento era prácticamente de dos pisos, un arreglo bastante abierto con pocas paredes. La cocina estaba a nuestra izquierda cuando entramos, pequeña, separada de la sala de estar por un mostrador de bar / cocina. A nuestra derecha estaba el armario del pasillo y las paredes que abarcaban el baño y uno de los dormitorios. Justo en frente de nosotros estaba la espaciosa sala de estar, respaldada por una ventana del piso al techo y una puerta de vidrio que daba a un balcón de piedra. Unas escaleras conducían a un dormitorio situado encima del baño y el primer dormitorio. Supuse que era allí donde dormía Brian, basándome en la cama no desordenada, pero no hecha, que estaba a la vista desde donde estaba parada.
Lo que me impresionó, creo, fue lo suave que era el lugar. Había dos estanterías, de color gris claro, en la sala de estar. En los estantes, vi, había una mezcla de novelas, plantas y libros antiguos con espinas de cuero rajado y raído. Las frondas de algunas de las plantas colgaban sobre los estantes. El sofá y la silla que lo acompañaba eran de pana color canela pálido, con cojines gruesos y lo suficientemente profundos que parecían poder perderse en ellos. Podría imaginarme acurrucarme en ese sillón con las piernas tapadas a mi lado, un libro en mis manos.
De alguna manera había estado esperando una estética similar a la del cromo y el cuero negro. No es que asociara la personalidad de Brian o su gusto con ese tipo de diseño, pero era lo que podría haber pensado que un joven soltero podría llegar a conseguir. Ya fuera la suavidad de los colores, el pequeño frasco con piedras, el agua y el bambú en la encimera de la cocina o las imágenes en tonos sepia de los árboles en el vestíbulo, el lugar me dio una sensación de tranquilidad.
Sentí una punzada de envidia, y no fue solo porque el apartamento de Brian era agradable. Estaba obteniendo una mejor idea de quién era, y cómo éramos personas muy diferentes, en cierto sentido.
Brian gruñó mientras dejaba las cajas junto al armario delantero. Se quitó las botas y lo tomé como una señal para quitarme los zapatos.
“Entonces, ya empecé un poco”, me dijo, llevándome a la sala de estar, y vi que había un montón de tablas de color gris claro y una caja de cartón vacía apoyada contra la pared. “Resulta que realmente necesita un segundo par de manos. ¿Quieres algo antes de comenzar? Prefieres el té al café, ¿verdad? ¿O quieres un refresco? ¿Un bocado?”
“Estoy bien”, sonreí, quitándome la sudadera y poniéndola en el mostrador de la cocina. Le había prometido a Tattletale que lo haría. Sintiéndome muy consciente de mí con mi barriga expuesta, traté de distraerlo con la tarea que tenía entre manos: “¿Empezamos?”
El primer trabajo, el que dejó incompleto, era un conjunto de estanterías, y comenzamos con eso. Era, como él había dicho, un trabajo para dos personas. Los estantes tenían tres columnas con seis estantes cada uno, y cada parte se acoplaba con la ayuda de clavijas de madera. Era imposible presionar dos piezas cerca de la parte superior sin que las que estaban cerca del fondo se separasen, y viceversa, así que conseguimos un ritmo en el que uno de nosotros juntaba piezas mientras que el otro impedía que todo lo demás se desarmara.
En general, nos llevó unos veinte minutos más o menos. Después de verificar que todo estaba encajado y alineado, Brian arrastró el estante del piso y lo colocó contra la pared.
“Ese es uno”, sonrió, “¿Estás segura de que no quieres un trago?”
“¿Qué tienes?”
“Ven, tengo cosas en la nevera. Elije lo que quieras.”
Agarré una cola de cereza. Brian agarró una cocacola, pero casi la ignoró mientras abría la siguiente caja, la cuadrada que medía casi cuatro pies de ancho, y comenzó a colocar las piezas individuales en el suelo de la cocina. Una mesa de cocina con taburetes.
Resultó que la mesa de la cocina era un trabajo más difícil que la estantería. Las patas debían sostenerse exactamente en el ángulo correcto, o los pernos se atascaban en los agujeros, o forzaban a la pata de la mesa a salir de su posición. Cada vez que eso ocurría, terminamos teniendo que sacar el perno y comenzar de nuevo. Terminé sosteniendo firmemente la primera pata de la mesa mientras atornillaba los pernos de la base.
Sin mirarme, colocó su mano sobre la mía para ajustar el ángulo una fracción. El contacto me hizo sentir como si alguien hubiera arrancado una cuerda de guitarra que iba desde la parte superior de mi cabeza hasta la mitad de mi cuerpo. Un profundo ronroneo en mi interior que no se podía escuchar, solo se sentía. Me alegré mucho por las mangas largas de mi top, porque se me ponían los pelos de punta.
Me encontré por defecto cayendo en mi defensa más básica, quedarme callada, quedándome quieta, así que no podía decir ni hacer nada estúpido. El problema fue que esto me hizo muy, muy consciente del silencio y la falta de conversación.
Probablemente Brian no había siquiera notado el silencio, pero me pregunté qué decir, preguntándome cómo iniciar una charla o cómo mantener una conversación. Fue agonizante.
Se acercó para ver mejor mientras colocaba una tuerca en el perno, y su brazo se presionó contra mi hombro. De nuevo, provocó una reacción casi elemental de mi cuerpo. ¿Fue esto intencional? ¿Estaba señalando interés a través del contacto físico casual? ¿O estaba asignando significado a algo casual?
“Casi terminado”, murmuró, ajustando su posición para comenzar a atornillar el otro perno para la pata de la mesa. Su brazo no estaba presionando contra mi hombro ahora, pero por la forma en que estaba agachado, su rostro estaba a solo unos centímetros del mío. De acuerdo, eso fue peor.
“Taylor, ¿crees que puedes agarrar esa llave más pequeña sin mover la pierna?”
No confiaba en mí misma para responder sin hacer un ruido raro, así que simplemente cogí la pequeña llave y se la entregué.
“Eso es más rápido, gracias”, respondió, después de un segundo, “¿Puedes pasarme la tuerca?”
Lo hice, dejándolo caer en su mano en lugar de colocarlo allí, preocupada por lo que podría hacer o por cómo reaccionaría si mi mano tocaba la suya. No iba a sobrevivir las siguientes tres patas de la mesa de esta forma, y mucho menos las banquetas o el tercer mueble que ni siquiera habíamos empezado.
“¿Taylor?”, Preguntó.
Dejó la pregunta colgar, así que tragué saliva y respondí: “¿Qué?”
“Relájate. Puedes respirar.”
Me reí ligeramente al darme cuenta de que estaba conteniendo la respiración, lo que resultó en una exhalación nerviosa y entrecortada que solo aumentó la incomodidad que estaba sintiendo.
Él estaba sonriendo, “¿Estás bien?”
¿Qué se supone que debía decir? ¿Admitir que no sabía cómo lidiar con estar cerca de un chico guapo?
Miré al suelo, a la pata de la mesa que sostenía. “Me pongo nerviosa cuando estoy cerca de la gente. Pienso en, ya sabes, que tal vez tengo mal aliento, o tenga olor a sudor, y no podría notarlo porque es mío, así que aguanto la respiración así para estar segura. No sé.”
Bravo, Taylor. Bravo. Imaginé el más lento y más sarcástico de los aplausos lentos. Hablando de mal aliento y sudor era totalmente el camino a seguir. Uno de esos momentos brillantes que me daría vergüenza cada vez que lo recordara en los siguientes años o décadas, estaba segura.
Entonces Brian se inclinó, cerrando los escasos centímetros de distancia que nos separaban, hasta que nuestras narices prácticamente se tocaron.
“No. Hueles bien”, me dijo.
Si hubiera sido un personaje de dibujos animados, estaba bastante segura de que ese era el punto en el que me salía vapor de las orejas, o me derretía en un charco. En cambio, fui con mi primer instinto, una vez más, y me quedé muy callada. Me di cuenta de un calor en mi cara que debe haber sido un rubor furioso.
Sería difícil decir si fue una misericordia o no, pero Brian se distrajo con el sonido de una llave en una cerradura, y la apertura de la puerta de entrada.
Lo primero que pensé fue que la chica que entró era la novia de Brian. Entonces la vi mirar hacia nosotros, sonreír, y noté la similitud entre sus ojos y los de Brian. Su hermana.
Mi segundo pensamiento, o mi segunda reacción, en realidad, fue difícil de poner en palabras. Es como, podrías mirar un Mercedes y decir que era una hermosa obra de arte, incluso si no eras alguien que prestaba mucha atención a los autos. En líneas similares, cuando veías un Mercedes con una calcomanía de llamas barata pegada a las ruedas y un alerón casero pegado en la parte trasera, era doloroso y decepcionante en un nivel fundamental. Eso fue lo que sentí, mirando a Aisha.
Era hermosa, tan femenina como Brian era masculino, con pómulos altos, cuello largo y, aunque era dos o tres años más joven que yo, ya tenía pechos más grandes que los míos. Podrías convencerme de cortarme un dedo por tener piernas, cintura y caderas como las de ella.
Maldita sea, esta familia tenía buenos genes.
Solo necesitabas echar un vistazo a Aisha para saber que iba a ser completamente hermosa cuando terminara de crecer. Dicho eso, sin embargo, tenía una raya de cabello decolorado y parte de ese cabello decolorado había sido teñido en una franja de color púrpura. Era como si hubiera hecho todo lo posible por parecer vulgar, con shorts de jean rasgados sobre leggings de red verde neón, y un top sin tirantes que dudaría incluso en llamar ropa interior. Cualquier envidia que sentía hacia ella se veía acentuada por un sentimiento casi de ofensa, en cuanto a cómo estaba arruinando lo que le habían dado naturalmente.
“¿Estoy interrumpiendo?”, Dijo, con un tono ligeramente burlón, mientras me miraba sin poder entenderlo.
“Aisha”, Brian se levantó, “¿Qué estás haciendo aquí? Tú-” se detuvo cuando una mujer negra robusta y sólida entró por la puerta principal. Donde la mirada de Aisha hacia mi había sido ambigua, la mirada que esta mujer me dio fue todo lo contrario. Desaprobación, disgusto. Me di cuenta de lo que debía parecer, ligeramente sudorosos, en el suelo entre los muebles, con el estómago visible, prácticamente brillante con un rubor rosado. Me apresuré a agarrar mi sudadera y ponerla.
“Señor. ¿Laborn?”, Dijo la mujer pesada, “Me temo que esperaba que estuviera más preparado, pero parece que está en medio de algo.”
Brian negó con la cabeza, “Si señora. Sra. Henderson. Estoy casi seguro de que su oficina me dijo que los esperara a las dos esta tarde.”
“Esa fue la hora original. Aisha me dijo que quería reprogramar-” La señora Henderson se interrumpió y le lanzó a Aisha una mirada dura.
Aisha sonrió, se encogió de hombros y se levantó de un salto, así que estaba sentada al final del mostrador de la cocina. “¿Qué? Hay una película que quiero ver esta tarde con mis amigos.”
“Si hubieras preguntado, podría haber dicho que sí”, le dijo Brian, “Ahora probablemente voy a decir que no.”
“No es tu decisión, hermano, no estoy viviendo contigo todavía”, ella levantó le mostro el dedo del medio con las dos manos.
Brian parecía que iba a decir algo más, pero luego se detuvo. Suspiró, luego dirigió su atención a la trabajadora social de Aisha, “Lo siento por esto.”
Ella frunció el ceño, “Yo también. Debería haber llamado para comprobar, dada la historia de Aisha de torcer la verdad.” Miró su cuaderno y pasó la página, “Si quieres reprogramar, hmmm, me temo que ya llené la ranura de la tarde, pero tal vez ¿Este fin de semana…?”
Brian le dio a Aisha una mirada molesta, “Ya que está aquí, si estás dispuesta a pasar por alto los muebles que no hemos terminado de armar, podríamos hacerlo ahora.”
“¿Si estás seguro? ¿Qué hay de su... compañera?” Ella me miró.
Mi rubor probablemente no se había ido, y sospecho que me sonrojé un poco más de repente al ser puesta en medio de una situación incómoda. Probablemente no ayudó a desvanecer ninguna impresión equivocada que ella había percibido.
“Ella es una amiga, me estaba ayudando. Taylor, no estoy seguro de cuánto tiempo será esto. No quiero perder tu tiempo, pero me sentiría mal si te fueras tan pronto después de venir hasta aquí. Si quieres quedarte y relajarte, podría llevarte de regreso después.”
Cada parte socialmente torpe de mi cerebro ansiaba tomar la ruta de escape ofrecida, hacer mi salida, enfriarme. Fue difícil decir por qué no lo hice.
“Me quedaré, si no voy a estar en el camino. No tango planes para la tarde.”
Cuando Brian sonrió, me di cuenta de por qué no había aprovechado la oportunidad de irme.
La mujer volvió a examinarme en detalle. Ella me preguntó: “¿Estás en su clase en línea?”
Negué con la cabeza.
“No. Pareces un poco joven para eso.” Entonces ella me desafió, “¿Por qué no estás en la escuela?”
“Um”, dudé. Mantente lo más cerca posible de la verdad. “Estuve al borde de una de las explosiones de bombas y tuve una conmoción cerebral. Estoy faltando a clases que esté completamente mejor.”
“Ya veo. ¿Estás segura de que ensamblar muebles es lo que pretendía el médico cuando te dijo que descansaras y te recuperases?”
Sonreí torpemente y me encogí de hombros. Hombre, realmente estaba esperando no estar estropeando esto para Brian.
“Entonces”, Brian habló con la Sra. Henderson, “¿Quería mirar mi casa y ver el espacio que aparté para Aisha? Supongo que esta es una oportunidad para que revise un lugar antes de que la familia se apresure a barrer todo debajo de la alfombra.”
“Mmm”. Una respuesta no coercitiva. “Vamos al balcón, y puede contarme sobre el área y las escuelas cercanas.”
Brian abrió el camino y sostuvo la puerta para el asistente social. Se cerró detrás de él, dejándome con Aisha, que todavía estaba sentada en el mostrador de la cocina. Le di una pequeña sonrisa y recibí una mirada fría y penetrante a cambio. Incómoda, volví mi atención a la mesa y traté de ver qué podía hacer por mi cuenta, con la segunda pata.
“Así que. ¿Estás en el equipo de mi hermano?”
¿Qué? Estuve orgullosa de mí misma cuando apenas perdí el ritmo. “¿Equipo? Sé que hace boxeo, o boxeaba, al menos, pero-”
Ella me dio una mirada divertida, “Vas a hacerte la tonta, ¿verdad?”
“No estoy entendiendo. Lo siento.”
“Claro.” Se inclinó hacia atrás y pateó un poco las piernas.
Volví mi atención de nuevo a la pata de la mesa. No llegué muy lejos antes de que ella me interrumpiera de nuevo.
“Mira, sé que estás en su equipo. Proceso de eliminación, tienes que ser la chica bicho.”
Negué con la cabeza, tanto para negarlo como para exasperarme. ¿Qué carajo, Brian?
“Me dijo que tenía poderes, no dijo lo que eran. Como tiene poderes, cree que hay una posibilidad de que yo también los tenga. No quería que me sorprendiera. Descubrí quién era él después de eso, vi algo sobre algunos villanos que robaban un casino una noche en la que no estaba en casa, comencé a registrar las veces que no estaba disponible y seguía coincidiendo. Lo confronté y no hizo un buen trabajo negándolo.”
Con la esperanza de desequilibrarla, puse en mi rostro la más convincente expresión de sorpresa con los ojos abiertos tanto como podía “¿Estás diciendo que tu hermano es un supervillano?
Parpadeó dos veces, luego dijo, lentamente, como si estuviera hablando con alguien con una discapacidad mental, “Siiiii. Y estoy diciendo que tú también lo eres. ¿Por qué otra razón se juntaría mi hermano contigo?”
Auch. Eso dolió.
Me ahorré tener que dar una respuesta y mantener la farsa cuando Brian y la asistente social regresaron del balcón.
La asistente social estaba diciendo: “...dudoso, con la lista de espera.”
“Ella está en el territorio y estaría ingresando a la escuela al mismo tiempo que el resto de los estudiantes de noveno grado.” Brian respondió, mirando mal a Aisha, “Y eso significaría separarla de las malas influencias que tiene alrededor donde está viviendo ahora.”
Aisha le mostró el dedo, otra vez.
“Mmm”, respondió la asistente social, mirando de Aisha hacia él. “Me gustaría ver tu habitación después?”
“¿Mía? ¿No de Aisha?”
“Por favor.”
Brian condujo a la asistente social hasta las escaleras que conducían a su habitación, que daba al resto del departamento.
“Tal vez debería ver cómo reaccionas si lo grito en voz alta”, sugirió Aisha. Ella puso un acento falso, “¿Cómo te llamas, otra vez?”
Giré los ojos.
“¿No vas a decir? Como sea.” Sus manos se ahuecaron alrededor de su boca como si estuviera gritando, gritó burlonamente en un volumen apenas por encima del habla regular, “¡Bichito y Grue, en casa!”
Miré hacia arriba, esperando que Brian y la asistente social no estuvieran al alcance del oído. El murmullo de conversación allí arriba no parecía haber sido interrumpido por lo que Aisha había dicho.
“Parece que estarías en una situación de perder-perder, anunciándolo así”, le respondí, “O tienes razón, y molestas a dos personas que realmente querrás evitar enojar, o estás equivocada y te ves como una loca.”
“¿Y si ellos ya piensan que estoy un poco loca? ¿Qué tengo que perder?”
“No sabría decir.” Apreté el cerrojo, revisé la pata de la silla y la encontré sólida como una roca. Pasé al siguiente. “¿Qué tienes por ganar?”
“Vaaaamos”, ella se quejó, “Solo admítelo.”
Mi corazón latía con fuerza cuando Brian y la asistente social bajaron las escaleras. Aisha, por su parte, pegó una amplia y falsa sonrisa en su rostro para saludarlos. Brian hizo pasar a la mujer al segundo dormitorio, pero no entró con ella. Se detuvo para mirarme.
“Taylor, no necesitas hacer eso por tu cuenta.”
“Está bien”, dije. Mirando hacia arriba, donde Aisha estaba sentada en la encimera, agregué: “Es una buena distracción.”
“Lo siento. Creo que tardaremos solo un minuto más.”
Resultó cierto. La asistente social salió de la habitación de Aisha, echó un vistazo por el baño y luego investigó los armarios y la nevera.
La Sra. Henderson habló con Aisha, “Me gustaría que salgas al balcón por un minuto.”
“Lo que sea.” Aisha saltó del mostrador y se dirigió hacia afuera.
“Y”, dijo, volviéndose hacia Brian, “Tal vez quieras que tu amiga espere afuera también.”
“Realmente no tengo nada que esconder”, respondió, mirando hacia mí.
“Bien. Permítanme comenzar diciendo que esto es mejor que la mayoría.”
“Gracias.”
“Pero tengo preocupaciones.”
Se podía ver la expresión de Brian cambiar una fracción, ante eso.
“Leí los documentos y planes que me enviaste por correo electrónico. Usted tiene un plan sólido en mente para la contabilidad, el pago de las facturas, ayudarla con su educación, posibles gastos adicionales, el presupuesto para la ropa e incluso para ahorrar dinero para la universidad. En muchos aspectos, este es el tipo de situación que deseo, con la mayoría de mis casos.”
“¿Pero?”
“Pero cuando miro este lugar, veo que lo has hecho muy tuyo. Los muebles, las decoraciones, las obras de arte, parecen apuntar a tu personalidad, dejando muy poco espacio para Aisha, incluso en el espacio que has reservado para ella.”
Brian pareció un poco aturdido por eso. “Ya veo.”
“Mire, Sr. Laborn, debemos considerar la perspectiva de Aisha. Ella es una fugitiva en serie. Ella claramente no ve la casa de su padre como un hogar. Se debe tener cuidado adicional para asegurarse de que ella vea esto como tal. Suponiendo que ella termina aquí y no en casa de su madre.”
“Mi madre,” la expresión de Brian tomó un tono más serio.
“Soy consciente de sus preocupaciones sobre el tema de la madre de Aisha, Sr. Laborn.”
Mi celular sonó una vez en mi bolsillo de sudadera. Lo ignoré.
Brian suspiró, flaqueándose un poco, “¿Esto es reparable?”
“Sí. Involucre a Aisha en la decoración, esté dispuesto a comprometer sus gustos y su estética para que sienta que este también es su espacio”, dijo, “sé que no será fácil. Aisha es difícil a veces, estoy segura de que ambos podemos estar de acuerdo es eso.”
Estaba empezando a gravitar hacia esa conclusión yo misma.
“Sí”, Brian asintió, “Entonces, ¿qué sigue?”
“Haré una visita a la casa de su madre en una semana y media, si recuerdo bien. Si desea enviarme otro correo electrónico cuando sienta que ha enmendado este pequeño problema, y ​​las pocas cosas que le señalé durante la inspección, podría hacer arreglos para visitarlo nuevamente.”
“Eso sería fantástico.”
“Tenga en cuenta que tengo una carga de trabajo desbordante, y probablemente no pueda pasar hasta al menos una semana después de que me haya avisado.”
“Gracias”, dijo Brian.
“¿Alguna pregunta?”
Sacudió la cabeza.
“Entonces le deseo suerte. Para disculparme por el tiempo inesperado de la cita, le haré una oferta de una sola vez para quitarle a Aisha de sus manos. Si ella insiste ser suspendida, puedo presentarle a otra persona que siguió ese camino, mientras voy a las citas de esta tarde.”
Brian sonrió. No es exactamente esa sonrisa increíble que había visto tan a menudo, pero una bonita sonrisa, no obstante, “Creo que se perderá la película a la que quería ir.”
“Parece”, el trabajador social sonrió con complicidad. “Siga así, Sr. Laborn. Aisha tiene suerte de tenerlo.”
Brian se animó un poco al respecto.
La reunión no duró mucho después de eso, y Aisha fue arrastrada quejándose por la asistente social. No pude respirar con alivio hasta que se fueron. Incluso entonces, estaba inquieta, sabiendo cuán fuertes habían sido las sospechas de Aisha.
Recordando que mi teléfono había sonado, busqué mi teléfono celular para ver cuál había sido el mensaje. Mientras mantuve presionado el botón para desbloquearlo, le dije a Brian: “Aisha sabe sobre los Undersiders, parece.”
“Mierda. Lo siento”, hizo una mueca de dolor, “Si pensara que te encontrarías con ella, te habría dado una advertencia. ¿No dijiste nada?”
“Fingí no saber de qué demonios estaba hablando, por poco que sirvió. ¿Esto va a ser un problema?”
“Ella prometió que no le diría nada a nadie... y realmente me molesta que haya sido lo suficientemente indiscreta para plantear el tema con alguien a quien no había dado mi consentimiento. Pero Aisha no lo diría por contarlo. Creo que ella probablemente estaba jugando contigo.”
“Si estás seguro”, tenía mis reservas, pero no estaba segura de querer presionarlo sobre el tema, cuando ya estaba estresado.
“Bastante seguro”, suspiró.
Miré mi teléfono celular. Era de Lisa.
prdn x interrumpir besukeo. los dos tienen q volver rapido. se sta yendo todo ala mierda
Sentí un poco de calor en las mejillas mientras me tomé mucho cuidado de borrar el texto. Cuando terminé, me volví hacia Brian. “Lisa dice que algo está pasando. Ella dice que nos apresuremos a volver.”
“Que hinchapelotas”, dijo Brian. “Esperaba... ah carajo. Supongo que no vamos a armar todo esto, ¿eh?”, Me sonrió.
Le devolví la sonrisa, “En otra ocasión.”
Él me dio una mano para ayudarme a ponerme de pie. ¿Estaba siendo optimista u observadora cuando noté que su mano tal vez se demoraba medio segundo más de lo necesario en la mía?
¿Estaba una parte de mi temiendo esas posibilidades, esperando que no fuera ni un deseo mio ni una observación precisa de él? Porque no podía decir si me asustaba, o si solo quería que hubiera una parte cuerda de mí con una objeción.
Mierda. Mentalmente avancé mi línea de tiempo. No más de una semana, y tendría que llevar lo que sabía sobre los Undersiders al Protectorado. No estaba segura de confiar en mí misma por más tiempo que eso.

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2016.06.05 19:48 ShaunaDorothy EE.UU.: Cacería de brujas asesina “Delincuentes sexuales” marcados por el estado: Parias de por vida (Febrero de 2014)

https://archive.is/HdHvI
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
Durante las últimas décadas, la policía sexual de este país ha capturado a cerca de un millón de personas. Se les encarcela, se les humilla públicamente y se les pone en peligro mediante los registros de “delincuentes sexuales” en Internet, se les rastrea con tobilleras de GPS, se les expulsa de sus propias comunidades y se les obliga a vivir bajo los puentes o en los bosques. Se han convertido en parias sociales, en los leprosos de la actualidad.
Incluso mientras el matrimonio gay —y los boy scouts (abiertamente) gays— son cada vez más aceptados, el esfuerzo de los gobernantes por legislar el sexo y la “moralidad” parece no tener fin. Su más reciente expresión es el frenesí azuzado contra un supuesto brote de incorregibles “depredadores sexuales”, especialmente los que supuestamente tienen como blanco a niños en Internet (es decir, un mundo fantástico) o a través de la pornografía (también pura fantasía). No hay tal epidemia; sin embargo, parece haber un gran número de policías infiltrados al acecho en los chat rooms. Se ha victimizado a miles sólo por mirar pornografía o por intentar comunicarse con otros, por no hablar del sexo consensual con menores, nada de lo cual sería un crimen en una sociedad racional.
Tal como ocurrió con la histeria de los años ochenta y noventa sobre las supuestas redes satánicas de abuso de menores en las guarderías, el depredador de Internet es un mito manufacturado por el gobierno y los medios. Incitando y manipulando el miedo y las actitudes sociales atrasadas, su finalidad subyacente es legitimar y fortalecer los poderes del estado capitalista. Mientras los políticos demócratas y republicanos sermonean sobre “proteger a nuestra niñez”, los imperialistas estadounidenses bombardean a niños en todo el mundo y millones pasan hambre incluso en este país, donde la tasa de mortalidad infantil llega al lugar 51 del mundo.
Entre las innovaciones legales más perniciosas, diseñadas para aumentar el control del gobierno, están las leyes federales que firmó el presidente demócrata Bill Clinton a mediados de los noventa y que le exigen a los delincuentes sexuales liberados que se registren en Internet y notifiquen a la comunidad su paradero. Otro estatuto le exige a las autoridades estatales que transmitan sus datos y huellas digitales al FBI para que éste forme una base de datos nacional. También está el “confinamiento civil”, que permite mantener a los prisioneros recluidos más allá del término de sus sentencias. Con estas leyes, los convictos de delitos sexuales se ven inmersos en un laberinto kafkiano de presunta culpabilidad, ostracismo social, castigos preventivos, miedo y violencia, frecuentemente de por vida.
Para Charles Parker de Jonesville, Carolina del Sur, y para su esposa, registrarse como delincuente sexual fue una sentencia de muerte. En julio, Jeremy Moody halló el nombre de Parker en el registro y ubicó su hogar en un mapa, se dirigió ahí y disparó y apuñaló a la pareja. “No he venido a robarte. He venido a matarte porque eres un abusador de niños”, dijo Moody, quien tiene la palabra “skinhead” [cabeza rapada] tatuada en el cuello. (Parker no había sido convicto por abuso de menores.) Posteriormente, Moody admitió que se preparaba para matar a otra persona que figuraba en el registro.
Un caso de estudio: Los Friedman
Hace poco volvió a las noticias el caso de Arnold Friedman y su hijo adolescente Jesse, documentado en la escalofriante película nominada al Oscar de 2003 Capturando a los Friedman. La película muestra cómo los dos hombres de Long Island, víctimas del abuso policiaco, la histeria de la comunidad y el sesgo judicial, fueron obligados a confesar en falso decenas de casos de abuso de menores que supuestamente ocurrieron en las clases de computación de Arnold, con la ayuda de Jesse. Un amigo adolescente de éste, Ross Goldstein, también fue condenado a trece meses de prisión tras ser obligado a confesar y a hacer acusaciones falsas contra Jesse.
Los cargos de esa cacería de brujas iban desde lo inverosímil hasta lo imposible. Como lo puso Jesse Friedman, un niño de diez años que asistía a las clases semanalmente alegó que había sido forzado a tener sexo anal u oral 30 veces en un periodo de diez semanas y —tras reinscribirse— fue violado 41 veces a lo largo del siguiente año. Entre lo que un cargo describía como abusos en grupo se incluía el “salto de rana”, en el cual Arnold y Jesse supuestamente sodomizaban a toda la clase de niños desnudos saltando de uno al otro. Pese a las historias de violencia física, abuso verbal y sexo forzado frente a toda la clase, no se presentó una sola evidencia: ni moretones ni ropa manchada de sangre. Ni uno solo de los padres expresó la menor sospecha hasta que la policía llegó a sus casas a interrogar a sus hijos.
El único hecho incuestionable es que en 1987 los agentes aduanales interceptaron un paquete dirigido a Arnold Friedman que contenía pornografía infantil, lo que llevó a la policía a allanar el hogar de los Friedman en el suburbio de Nueva York de Great Neck. La policía confiscó unas 20 revistas de pornografía infantil tomadas de varias partes de la casa y una lista de los niños que asistían a las clases de Arnold.
¡Al poseer pornografía infantil, Arnold Friedman no cometió crimen alguno! Fotografías, sexo de fantasía, entretenimiento: la pornografía no hace daño a nadie. ¿Cuántos de nosotros podríamos librarnos de la prisión si los “pensamientos desviados” se castigaran con cárcel? Al contrario de ciertos feministas y de los maoístas del Revolutionary Communist Party [Partido Comunista Revolucionario], quienes quisieran prohibir la pornografía sobre la espuria base de que provoca violencia contra la mujer, nosotros reconocemos que las leyes antipornografía dañan a todos al legitimar la censura y desatar la interferencia estatal en la vida privada. Nos oponemos a las leyes contra la pornografía y a las leyes contra los “crímenes sin víctimas”, como la prostitución, las drogas y las apuestas. ¡El gobierno debería sacar los ojos, oídos y narices de las alcobas y de las vidas privadas de la gente!
Según la retorcida lógica que esta sociedad promueve, Arnold Friedman, espectador de pornografía, debía ser por lo tanto un abusador de menores, por lo que fue condenado a una sentencia de diez a 30 años de prisión y murió en la cárcel en 1995, aparentemente por suicidio. Jesse recibió una sentencia de seis a 18 años tras las rejas. Lo liberaron en 2001 después de trece años, sólo para que comenzara una cadena perpetua de persecución legal y social.
Ya antes de que comenzara el juicio, las autoridades promovieron la noción de que cada uno de los estudiantes de Arnold debía ser considerado una víctima. Cientos de padres de familia histéricos se apiñaron en reuniones comunitarias exigiendo asesoría sobre cómo ayudar a sus hijos. Se les dijo que fueran a terapia. Años después, muchas supuestas víctimas testificaron respecto al terrible daño que sufrieron ellos y sus familias cuando el estado los obligó a inventar historias, y luego por la subsiguiente “terapia” basada en esas ficciones.
En 2013, la oficina del mismo fiscal que condenó a los Friedman revisó el caso en respuesta a una acusación de calumnia que el Tribunal de Apelaciones del II Distrito emitió en 2010. El tribunal escribió: “Aquí las actas indican una ‘probabilidad razonable’ de que Jesse Friedman fuera injustamente sentenciado”. Para la revisión de la fiscalía, Ross Goldstein (a quien los documentos legales se refieren como Kenneth Doe) habló por primera vez en 23 años. En un documento de nueve páginas dirigido al fiscal de distrito, afirmó: “Ninguno de los sucesos que Kenneth Doe supuestamente describió o que se atribuyen a él tuvo lugar en realidad”. Goldstein reunió a numerosos ex alumnos que hoy afirman que en las clases no ocurrió absolutamente nada y que la policía los intimidó para que rindieran falsos testimonios. Sin embargo (predeciblemente), el resultado del autoexamen fue que la oficina del fiscal se absolvió a sí misma de cualquier falta en el proceso.
La sexualidad infantil y el estado
El caso Friedman, una tragedia incesante para toda una familia, subraya varias cuestiones políticas importantes. El enfoque de la Spartacist League deriva de nuestra concepción marxista del mundo y nos enfrenta con el moralismo burgués y con frecuencia también con muchos grupos autodenominados socialistas. La sexualidad humana es muy amplia, pero su práctica está condicionada por cada sociedad particular. La sociedad burguesa estadounidense, con su componente de fanatismo religioso, destina una cantidad considerable de energía a delimitar los apetitos sexuales en nombre del orden social. Con sus policías, jueces y prisiones, la intervención del estado en las relaciones sexuales privadas tiene como fin imponer la moralidad que profesa la burguesía, y con frecuencia transforma una experiencia inofensiva y muchas veces positiva en una pesadilla. El estado burgués no es ni un árbitro neutral ni un protector de la ciudadanía; existe para asegurar la conservación del dominio capitalista.
La premisa de muchas leyes contra el sexo es que los niños son seres asexuales. De manera absurda, los púberes y los adolescentes con las hormonas desbocadas son considerados niños. De hecho, la sexualidad es parte de la constitución humana desde la infancia. Como discutimos con amplitud en el artículo “Unholy Alliance of Feminists and Christian Right—Satan, the State and Anti-Sex Hysteria” (La impía alianza de los feministas y la derecha cristiana—Satanás, el estado y la histeria antisexo, Women and Revolution No. 45, invierno-primavera de 1996), los niños son pequeños animales inquisitivos que en su camino a la madurez llevan a cabo experiencias y observaciones sexuales y de todo tipo. Tal como ocurre con otras especies de primates, el sexo entre los humanos tiene un amplio componente de aprendizaje. Hoy, en gran parte del país se le niega a la juventud el acceso oportuno a los métodos anticonceptivos y a la educación sexual, dejándola vulnerable a los embarazos no deseados y a las enfermedades de transmisión sexual. Si intenta actuar como la televisión e Internet le enseña, se mete en problemas.
Las leyes contra el estupro varían mucho de un estado a otro, pero todas criminalizan toda actividad que un tribunal considere sexual por el solo hecho de que un menor (alguien que no haya llegado a la “edad de consentimiento”) participe en ella, independientemente de si lo que suceda sea o no consensual. La ley mezcla deliberadamente el sexo consensual con el ataque sexual violento y con la violación. Cualquiera que sea hallado culpable de haber tenido sexo con un menor, o cualquier cosa considerada contacto sexual, se considera automáticamente un delincuente violento. La designación “depredador” puede aplicarse cuando un tribunal decide que una relación fue establecida o promovida con fines de “victimización”.
El único lineamiento para cualquier relación sexual debería ser el consentimiento efectivo —es decir, el entendimiento mutuo de las partes participantes— independientemente de la edad, el género o la preferencia sexual. Sin duda, determinar incluso lo más básico —por ejemplo, si un acto tuvo lugar realmente y si fue consensual— puede ser problemático a veces. Y ciertamente hay muchos casos en que la víctima de una violación o de un abuso violento puede recurrir a la ley. Al mismo tiempo, como alguna vez comentó el dramaturgo irlandés Brendan Behan en un contexto diferente: “Nunca he visto una situación tan terrible que un policía no pueda empeorar”. Además, desentrañar las cuestiones de la sexualidad humana del entramado de prejuicios sociales es casi imposible en esta sociedad dividida en clases y razas. Libre de la crueldad y la fría indiferencia que resultan de la búsqueda de ganancia, una sociedad socialista buscaría un enfoque científico a estas cuestiones difíciles.
Enciérrenlos...
Las leyes antisexo han creado una enorme masa de blancos potenciales, alimentando pesquisas con vastas sumas de dinero para trabajo encubierto y alentando procesos fraudulentos mediante el uso de oscuras invenciones siquiátricas y “testigos expertos”. En consecuencia, cada vez más víctimas caen en las fauces del sistema carcelario estadounidense, que ya es el mayor del mundo. Las cifras de la guerra contra los “depravados” sexuales se suman a las de la anterior “guerra contra el crimen” y a la continua “guerra contra las drogas”, eufemismos para nombrar la persecución legal racista que ha cuadruplicado la población carcelaria a cerca de 2.2 millones de personas al día de hoy, de las cuales casi la mitad son negras.
Desde los años setenta hasta hoy, el número de personas encarceladas como delincuentes sexuales se ha multiplicado. El libro Sex Panic and the Punitive State (Pánico sexual y el estado punitivo, University of California Press, 2011), de Roger N. Lancaster, aporta una investigación útil que describe el desarrollo de estos pánicos y muestra con precisión cuán vasto es el archipiélago de víctimas de la persecución sexual estatal. Lancaster escribe: “Nacionalmente, los casos reportados de abuso infantil saltaron de seis mil en 1976 a 113 mil en 1985 y a 350 mil en 1988: la cifra se multiplicó 58 veces en doce años”. Apuntando al terror irracional al “desconocido que acecha”, en un artículo publicado en el New York Times del 20 de agosto de 2011 titulado “Sex Offenders: The Last Pariahs” [Delincuentes sexuales: Los últimos parias], señaló: “El riesgo de que un niño sea asesinado por un depredador sexual desconocido es comparable al de morir fulminado por un rayo”. Lancaster también señala que “la mayoría de los perpetradores de abusos sexuales son miembros de la familia, parientes cercanos, amigos o conocidos de la familia de la víctima”.
Las cacerías de brujas antisexo han sido usadas para deshacerse de elementos básicos que los estadounidenses habían aprendido a considerar inherentes a la democracia, así como la “guerra contra el terrorismo” ha destripado toda una gama de derechos constitucionales. Como puede verse en el caso Friedman, lo primero que se pierde es la privacidad, seguida de la presunción de inocencia, cuando los acusados son satanizados. Luego se marca a los convictos de por vida. Hoy, cerca de 750 mil personas están en el registro de Internet que instituyó la “Ley Megan” de la era Clinton, promulgada tras el brutal asesinato de la pequeña Megan Kanka de siete años en un ataque sexual en 1994.
Al salir de la cárcel, Jesse Friedman —quien para empezar no había hecho nada— fue clasificado como “depredador sexual violento nivel III”, es decir, como alguien en alto riesgo de reincidir y como una amenaza a la seguridad pública. Como tal, tuvo que abandonar su casa tres veces. Con respecto a las restricciones de residencia, que le prohíben la proximidad con niños, escribió en su página web: “Si miras un mapa, te darás cuenta de que eso significa prácticamente cualquier parte. En algunos estados y ciudades se me prohibiría estar en cualquier lugar ‘donde se sabe que los niños se congregan’, incluyendo bibliotecas, museos, acuarios, playas e incluso eventos deportivos públicos”. “La Ley Megan”, escribió, “es el exilio social”.
Otros miles han sido convertidos en parias de manera similar. En Southampton, un destino vacacional para las celebridades neoyorquinas y los tiburones de Wall Street, unos 40 hombres convictos de diversos delitos sexuales se ven obligados a vivir en dos tráilers alejados de los centros habitados. Sólo uno de los tráilers tiene regadera y los que viven en el otro tienen que tomar el autobús dos veces por semana para ducharse.
La novela agudamente realista de Russell Banks, Lost Memory of Skin (La memoria perdida de la piel, HarperCollins, 2011), explora el horrendo mundo de los nuevos parias. El héroe es un joven tímido e ingenuo al que se le llama “el Chico”, cuyo fiel compañero y único amigo es su iguana Iggy. El Chico va a conocer a “brandi18”, con quien había tratado sólo por Internet, sólo para encontrarse con que en casa de ella lo esperan el padre de Brandi y cinco policías. Tras ser arrestado y condenado, se halla a sí mismo sin hogar, viviendo bajo un puente junto a otros “delincuentes sexuales”, pepenando comida de los basureros. En nombre de políticos que buscan un encabezado de prensa, la policía allana incluso ese lugar diminuto, sucio y semioculto, con resultados trágicos. A estos hombres del puente se les obliga implacablemente a recargar constantemente sus tobilleras de monitoreo:
“Toma media hora cargar completamente la batería del monitor, y durante esa media hora el Chico se siente íntimamente conectado a los demás millones de delincuentes sexuales, jóvenes, viejos y de otras edades...todos los cuales han conectado sus tobilleras electrónicas a contactos y están sentados en alcobas, salas y sótanos de casas, apartamentos y remolques, en estacionamientos, refugios de indigentes, parques públicos, aeropuertos, estaciones de tren, salas de espera, oficinas, en las trastiendas de restaurantes de comida rápida, bajo pasos a desnivel y puentes peatonales —como si todos ellos fueran hojas temblorosas en las ramas grandes y pequeñas de un vasto árbol eléctrico cuya sombra cubriera todo el país—”.
...y tiren la llave
Las diversas leyes estatales y federales de “confinamiento civil” que se han aprobado desde 1990 son una burla de la noción de “cumplir tu sentencia” y de la pretendida rehabilitación. Por ejemplo, la “Ley Adam Walsh de Protección y Seguridad de los Niños” de 2006 posibilita la detención indefinida de cualquier prisionero federal —incluso si nunca ha sido convicto de ningún delito sexual— que haya cumplido su sentencia pero sea considerado mentalmente “anormal” y se crea probable que cometa algún delito sexual en el futuro.
En el artículo “When the Feds Decide Who’s Sexually Dangerous” [Cuando los federales deciden quién es sexualmente peligroso], publicado en The Atlantic (20 de mayo de 2010), Wendy Kaminer señala: “Quienes confían en la burocracia federal y creen que los funcionarios usarán su poder adecuadamente, con imparcialidad y buena fe, pueden sentirse protegidos por él; a los demás debe preocuparles que el gobierno pueda detener ciudadanos indefinidamente, sin juicios con jurado, basándose en especulaciones sobre su futura peligrosidad”. Díganselo a los prisioneros de Guantánamo.
Bajo algunas leyes estatales, los sometidos a confinamiento civil pueden tener derecho a un proceso ante un juez, pero no a un juicio con la posibilidad de preparar una defensa. La mayoría no recibe “tratamiento” y prácticamente nadie obtiene algo de él. ¡Incluso se dio el caso de un hombre de Wisconsin de 102 años que no pudo someterse a tratamiento por fallas en la memoria y problemas de oído!
Hasta 2007, dos mil 700 hombres estaban recluidos en centros de confinamiento civil. Para escapar de las garras de estas instituciones penales/“terapéuticas” en las que se encuentran sepultados, algunos prisioneros incluso solicitan ser castrados, como lo relata el artículo “The Science of Sex Abuse” [La ciencia del abuso sexual] de Rachel Aviv (The New Yorker, 14 de enero de 2013). La primera persona detenida bajo la Ley Adam Walsh, Graydon Comstock, cuestionó la legislación en un caso ante la Suprema Corte en 2010. Aviv observa: “Para cuando el caso fue atendido, cuatro años después de que la sentencia criminal de Comstock expirara, él tenía ya 67 años y padecía del corazón, de diabetes e incontinencia. Ya dos veces había solicitado ser castrado, creyendo que la operación ayudaría en su caso, pero se le dijo que no estaba médicamente justificada”. En años recientes, la Suprema Corte ha refrendado diversos estatutos del confinamiento civil.
El poderoso análisis de Aviv de los horrores del confinamiento civil gira en torno al caso real de un soldado solitario llamado John, que se hizo amigo en un chat room de “Indy-Girl”. Sí, era un policía encubierto. El soldado, invitado a un tentador picnic al aire libre, rápidamente fue capturado por la Unidad Militar de Investigaciones y el FBI. John fue sentenciado a 53 meses en una prisión federal por poseer pornografía infantil y por “usar Internet para inducir a un menor a tener sexo”. Pero entonces fue cuando empezaron sus verdaderos problemas.
Tras salir en libertad condicional, John recayó y volvió a mirar pornografía con menores, por lo que rápidamente fue sentenciado a otros dos años en prisión. Seguía preso cuando el Congreso aprobó la Ley Adam Walsh, por lo que se le transfirió a una prisión médica de Massachusetts y, sin audiencia legal, se determinó que era de “alto riesgo”. Así pasaron cuatro años. En 2011 comenzó su audiencia de confinamiento civil. Al año siguiente, un juez dictaminó que John era demasiado peligroso para ser liberado y lo condenó a un “confinamiento terapéutico” indefinido en el sistema carcelario federal. Desde entonces sigue en ese limbo, donde una “terapia” diaria lo alienta a declarar cada vez más historias fantasiosas para ganarse la aprobación de los siquiatras, historias que sólo contribuyen a incriminarlo. Vivir en una tienda de campaña bajo un puente parece un destino preferible.
Nuevas brujas, nuevos inquisidores
En Estados Unidos, con su vena profundamente puritana y su insidioso racismo, la combinación de sexo y raza siempre ha sido usada como medio de control social. El mito del hombre negro depredador acosando a mujeres y niños blancos se conjuró para mantener aterrorizada a la población negra cuando la ley linchadora imperaba en el Sur de Jim Crow. Con frecuencia se ha recurrido a leyes antisexo para poner a hombres negros tras las rejas, incluyendo a celebridades como el boxeador Jack Johnson en 1912 y a Michael Jackson en 1994 y de nuevo diez años después.
Las cruzadas antisexo fueron una de las armas que se usaron para revertir las conquistas de las luchas por los derechos civiles y para apagar el descontento social de los años sesenta y principios de los setenta, especialmente el provocado por la Guerra de Vietnam. Tras tomar posesión en 1977, el gobierno demócrata de Jimmy Carter desató un asalto de reacción social interna mientras llevaba a la Casa Blanca el fundamentalismo religioso de los “renacidos”. Bajo el lema de los “derechos humanos” lanzó también la Segunda Guerra Fría del imperialismo estadounidense con el objetivo de destruir a la Unión Soviética.
La siguiente década presenció una de las cacerías de brujas más terribles y peculiares de la historia estadounidense: la histeria respecto al “abuso satánico” en las guarderías, que le arruinó la vida a cientos de hombres, mujeres y niños. El auge de esta cacería de brujas, que se extendió hasta principios de los años noventa, coincidió con la reacción reaganista —la cual, entre otras cosas, intentó enviar a las mujeres de vuelta a los hogares—. Se recortaron los fondos para el bienestar social y otros programas sociales, como las guarderías y preescolares para madres trabajadoras, provocando enormes dificultades y daños a las mujeres y los niños. El pánico del “abuso satánico” sirvió para encubrir un abuso real por parte del gobierno.
En el juicio más largo de la historia estadounidense, que se extendió de 1986 a 1990, el caso de la escuela preescolar McMartin, los niños testigos contaron historias de sacrificios animales, orgías, pasadizos secretos, mutilación de cadáveres y otras ficciones. El caso comenzó en 1983, y para el año siguiente el gran jurado había reunido 354 declaraciones que implicaban hasta 369 supuestas víctimas, mientras la policía anunciaba una enorme conspiración criminal. Más de 70 personas fueron condenadas injustamente. Mientras tanto, decenas de otros casos de “satanismo” barrieron el país, desde el condado de Kern en California, hasta Fells Acres en Massachusetts y la guardería Little Rascals de Carolina del Norte. En estos casos no se encontró evidencia alguna. Los acusados eran completamente inocentes, como señalamos entonces (a diferencia de prácticamente todo el resto de la izquierda) al defender a los trabajadores de las guarderías. Los Friedman fueron arrestados en medio de esa cacería de brujas.
Los liberales y feministas burgueses ayudaron a impulsar esa locura. Aunque se presentan como protectores de las mujeres y los niños, su remedio es pedirle al estado leyes más numerosas y más duras, así como más vigilancia policiaca. La versión más extrema de esa misma política fue el libro de 1975 de Susan Brownmiller, Against Our Will [Contra nuestra voluntad], famoso por su aseveración de que la violación es la principal forma en que todos los hombres controlan a todas las mujeres. Su propuesta: más mujeres policías.
En los años setenta y ochenta, los florecientes escuadrones de dios, dirigidos por gente como el fundamentalista católico Patrick Buchanan y el líder de la Mayoría Moral Jerry Falwell, se movilizaban contra el aborto y declaraban que el sida era un castigo de dios a los gays. Mientras los fanáticos de derecha sitiaban las clínicas de aborto, los feministas apuntaban contra la pornografía y un imaginario abuso satánico. Al impulsar este programa antisexo, los “progresistas” entablaron una alianza temporal con los evangélicos.
El estado respondió gustoso. En 1974, el demócrata Walter Mondale promovió la Ley de Prevención y Tratamiento del Abuso Infantil, que obligaba a los terapeutas, maestros y trabajadores sociales a informar a la policía de cualquier indicación de abuso. Así, se suponía que cientos de miles de educadores y trabajadores sociales actuarían como auxiliares de la maquinaria de represión del estado capitalista. En los años ochenta, el procurador general de Reagan, Edwin Meese, lanzó una gran campaña contra la pornografía, con bastante ayuda de sus aliados liberales. Con Internet, las cosas no hicieron sino empeorar. En los últimos quince años, las sentencias federales por posesión de pornografía infantil han aumentado en extensión más de 500 por ciento y pueden ameritar hasta cadena perpetua, la sentencia que suele darse al homicidio en primer grado.
Entre las feministas más prominentes que impulsaban las reaccionarias campañas antiporno estaba la fundadora de la revista Ms., Gloria Steinem, quien empezó su carrera como informante de la CIA. La despreciable Steinem también se subió con furor al tren del ritual satánico y la memoria reprimida. A mediados de los ochenta financió una excavación que los padres de familia de la escuela preescolar McMartin realizaron en busca de los (inexistentes) túneles y calabozos de los que habían hablado sus hijos bajo coerción. En 1993, Ms. salió con el encabezado: “El abuso ritual de las sectas existe —¡Créanlo!”.
En 1995, Steinem narró el documental de HBO The Search for Deadly Memories. Los apócrifos “recuerdos recuperados” de abuso cumplieron una función perniciosa en numerosos casos. Estos “recuerdos reprimidos”, como los llaman los trabajadores sociales fraudulentos, son la versión secular liberal de la histeria religiosa. Como materialistas convencidos, no nos lo creímos. Como señalamos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”, las técnicas que supuestamente revelan traumas reprimidos han demostrado ser excelentes para inducir recuerdos falsos, especialmente en niños pequeños y susceptibles. En ocasiones, es la policía quien implanta los supuestos recuerdos en el curso de los interrogatorios, como ocurrió en el caso Friedman. Los traumas verdaderos realmente trauman a la gente, que tiende a recordarlos.
El sexo, el matrimonio y la familia
¿Cómo es que la expansión de la tolerancia (salvo en reaccionarios endurecidos y fanáticos religiosos) respecto al matrimonio gay puede coexistir con una implacable cacería de brujas antisexo? Esto se debe a que el matrimonio, un contrato legal, es uno de los principales sostenes sociales del estado burgués. En una presentación el pasado mayo, David Thorstad, quien en 1978 estuvo entre los fundadores de la North American Man/Boy Love Association (NAMBLA), señaló la desbandada del movimiento radical gay:
“El anterior desafío a la heterosupremacía, dirigido a liberar la sexualidad reprimida de todos, ha sido remplazado por un enfoque conservador y convencional por la aceptación de la sociedad capitalista heterosupremacista. Donde esto es más obvio es en la búsqueda del matrimonio y la participación abierta en instituciones opresivas como el ejército, así como los llamados a fortalecer las fuerzas represivas del estado mediante las leyes contra los llamados crímenes de odio”.
Así, en la búsqueda de la respetabilidad burguesa, las marchas del orgullo gay acogen contingentes de policías gays, cuyo trabajo incluye el arresto de “delincuentes sexuales”. Mientras tanto, los organizadores de las marchas vetan a organizaciones como NAMBLA, que llama por la despenalización de las relaciones consensuales entre hombres adultos y menores de edad.
A diferencia de los feministas, el establishment gay y, asquerosamente, la mayor parte de la izquierda “socialista”, nosotros siempre hemos defendido a NAMBLA y a sus miembros tanto de la represión estatal como de la victimización por parte de los patrones. Se trata de algo más que una cuestión de “libertad de expresión”. Muchísimos jóvenes, torturados y confundidos por sus propios sentimientos, en conflicto con la severidad represiva de esta sociedad, encontrarían reconfortante hablar de estas cosas con personas más experimentadas, como lo han hecho generaciones anteriores. En esta época, sin embargo, tener cualquier tipo de intimidad intergeneracional es jugar con fuego.
En un artículo titulado “Youth, Sexuality and the Left” [Juventud, sexualidad y la izquierda], Sherry Wolf de la International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional) se sumó al linchamiento de Thorstad acusándolo de ser “el más constante y sonoro defensor de la pederastia en la izquierda” (socialistworker.org, 2 de marzo de 2010). Conservando la premisa reaccionaria de las leyes de la edad de consentimiento, Wolf cita su libro Sexuality and Socialism: History, Politics and Theory of LGBT Liberation [Sexualidad y socialismo: Historia, política y teoría de la liberación LGBT]: “Es incongruente que un niño dé verdadero consentimiento, libre de la desigualdad de poder, a un hombre de 30”. El artículo de Wolf continúa: “En nuestra sociedad, los adultos y los niños no se enfrentan como iguales en lo emocional, lo físico, lo social o lo económico. Los niños y los adolescentes más jóvenes no tienen la madurez, la experiencia ni el poder necesarios para tomar decisiones verdaderamente libres en sus relaciones con los adultos. Sin ello, no puede haber verdadero consentimiento”.
No importa que la mayoría de las relaciones entre adultos no cumpla con este criterio de consentimiento. En cuanto a la afirmación de Wolf de que “los adolescentes maduran a distintas edades”, ¿quién debe determinar la edad adecuada para la actividad sexual en una especie en la que esta edad ha estado, durante el 99 por ciento de su existencia, muy por debajo de la supuesta “edad de consentimiento” de la actualidad? Bajo el inhumano status quo capitalista, se asume que es el estado. Para los comunistas, es el ABC el oponernos a la intervención del gobierno en la vida privada de la gente y defender a cualquier grupo que luche por aumentar la libertad en las relaciones sexuales. Esto es una expresión del ideal de la vanguardia leninista como tribuno del pueblo. La ISO y cía. bailan a un son diferente, acomodándose a los valores burgueses y a la cacería de brujas contra aquéllos cuyas proclividades sexuales se consideran verboten [prohibido, en alemán en el original].
En El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), Friedrich Engels rastreó el surgimiento simultáneo de la familia y el estado como medios que la clase propietaria usó para consolidar y reproducir su poder cuando emergió de la sociedad humana primitiva. La monogamia de la esposa era necesaria para asegurar la paternidad para la transmisión hereditaria de la propiedad. Actualmente, la familia sigue siendo la principal fuente de opresión de la mujer. A los niños, la familia debe imbuirles la sumisión y el respeto por la autoridad, lo que frecuentemente engendra frustración y violencia. Como escribimos en “Satan, the State and Anti-Sex Hysteria”: “Las proclividades sexuales de las especies gregarias de mamíferos, como la nuestra, claramente no encajan con la rígida monogamia heterosexual que constituye el fundamento ideológico de la institución de la familia, reforzada por la religión organizada”.
La mayor parte del terrible daño que se inflige a los jóvenes y las mujeres tiene lugar en el seno de la familia. Sin embargo, en esta sociedad capitalista, la familia suele ser lo único que le queda a uno. Son escasos los servicios alternativos que la sociedad provee para criar a los hijos o cuidar a los enfermos y a los ancianos.
El fanatismo antisexo y la perversa persecución estatal persistirán mientras imperen la propiedad privada y la producción por ganancias. El estado capitalista no puede ser reformado para que sirva a los intereses de los explotados y los oprimidos. Debe ser barrido y sobre sus ruinas debe erigirse un estado obrero basado en la expropiación de los medios de producción. Para erradicar la opresión de la mujer y de los homosexuales, se requiere construir una sociedad socialista donde las funciones de la familia sean colectivizadas —guarderías y cocinas comunales, atención médica gratuita y de calidad, etcétera— liberando a la mujer de la carga de la crianza de los niños y de la esclavitud doméstica. En cuanto a lo que una sociedad racional conservaría de las relaciones sexuales, y de las relaciones sociales en general, los marxistas compartimos la amplitud de la visión que expresó el fallecido Gore Vidal (a quien tanto echamos de menos) en su artículo “Pink Triangle and Yellow Star” (Triángulo rosa y estrella amarilla, The Nation, 14 de noviembre de 1981):
“Cualquiera que sea el arreglo al que llegue la sociedad del futuro, debe reconocerse que los niños que lo necesiten serán criados con bastante más cuidado que hoy, y que a los adultos que no deseen ser padres ni madres debe dejárseles en paz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/delincuentes.html
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Carlos Xuma - El Libro Negro De Las Citas [6klzmxdzjgng]

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